El Ejército de Estados Unidos habría seleccionado a cinco proveedores para avanzar en prototipos de microrreactores nucleares, de acuerdo con la información disponible. El programa podría distribuir hasta 2.200 millones de dólares entre las empresas elegidas, aunque la selección de varios equipos no implica que todos los diseños vayan a convertirse en sistemas operativos ni que el importe máximo vaya a adjudicarse íntegramente.
Breaking Defense atribuye al Ejército este paso dentro de una fase competitiva de maduración tecnológica. La fórmula permitiría comparar distintas soluciones antes de decidir cuáles alcanzan un nivel suficiente de seguridad, rendimiento, movilidad e integración con las infraestructuras militares.
Energía firme para bases y operaciones
Washington estudia los microrreactores como una posible fuente de energía firme para bases y despliegues con un consumo elevado. Su empleo reduciría la dependencia de redes eléctricas vulnerables y de los convoyes de combustible, especialmente en entornos donde las líneas de suministro pueden ser atacadas o interrumpidas.
La tecnología también plantea exigencias específicas. Los prototipos tendrían que demostrar niveles adecuados de seguridad nuclear, protección física, gestión del combustible y de los residuos, transporte, mantenimiento y cumplimiento regulatorio. Además, los reactores deberían conectarse de forma segura con las redes eléctricas de las instalaciones militares y operar junto a otros sistemas de generación y almacenamiento.
Un desarrollo distinto de una capacidad operativa
La elección de proveedores representa un paso de desarrollo, no la entrada en servicio de una nueva capacidad nuclear. Antes de cualquier despliegue serían necesarias pruebas técnicas, evaluaciones de seguridad y decisiones sobre la arquitectura logística y regulatoria que acompañaría a estos sistemas.
Estados Unidos ya ha impulsado programas de reactores móviles y microrreactores para aplicaciones de defensa. Entre los antecedentes figura Project Pele, promovido por el Departamento de Defensa. La información disponible no permite establecer si la nueva iniciativa está formalmente vinculada a ese programa.
Para España y otros aliados de la OTAN, el interés sería principalmente doctrinal e industrial. El desarrollo estadounidense puede alimentar el debate sobre la resiliencia energética de las bases, pero no hay indicios en la información disponible de participación española, compromiso aliado o una decisión de adquisición.
La información procede de una única fuente especializada y no ha podido contrastarse de forma independiente.


