Una misión de vigilancia antisubmarina a distancia
Según la información disponible, el Aksungur despegó de Ankara y se desplazó bajo control satelital hasta la zona de Antalya. Allí habría lanzado tres sonoboyas desde unos 1.000 pies de altura y permanecido aproximadamente cuatro horas sobre el área, escuchando las señales acústicas y transmitiendo los datos a un centro de transferencia situado en Ankara.
La misión habría integrado en una sola salida varias fases de la guerra antisubmarina: el transporte y lanzamiento de los sensores, la recepción de sus señales y la evaluación remota de la información. La fuente sostiene que el sistema permitió identificar objetivos submarinos a partir de las señales procesadas, aunque los datos disponibles no permiten determinar si se trató de submarinos reales o de objetivos empleados en el ejercicio.
Las prestaciones atribuidas al aselBUOY 100P
El aselBUOY 100P es descrito como una sonoboya pasiva de 10 kilogramos y formato NATO A-size. Según la información disponible, puede operar a 30 o 150 metros de profundidad, transmitir los datos a distancias de hasta 20 kilómetros y mantener una autonomía programada de hasta ocho horas antes de iniciar su autohundimiento.
Al tratarse de un sensor pasivo, su función es captar señales acústicas sin emitir activamente impulsos para localizar un contacto. Su utilidad depende, por tanto, de la calidad del procesamiento, de las condiciones acústicas del entorno y de la capacidad para distinguir un posible submarino de otros ruidos o contactos falsos.
El papel del Aksungur en la arquitectura turca
La fuente sostiene que el Aksungur ya ha sido incorporado por la Armada turca y que su autonomía permite emplearlo en misiones de vigilancia marítima y lucha antisubmarina. En este concepto, el UAV no sustituye por sí solo a un avión de patrulla marítima, un helicóptero o un buque: aporta persistencia y permite desplegar sensores sin exponer directamente a una tripulación sobre la zona de operaciones.
El interés operativo está en cerrar a distancia el ciclo de detección: llevar las sonoboyas hasta el área, mantener una plataforma en vuelo, recoger o retransmitir los datos y apoyar su análisis desde tierra. La clasificación y el seguimiento de contactos, el empleo de armas y la gestión de falsos positivos siguen requiriendo capacidades adicionales.
TURNAs-26 y la expansión de los sistemas no tripulados
TURNAs-26 se desarrolló entre el 19 y el 27 de octubre en el golfo de Antalya y el Mediterráneo oriental. La información disponible lo presenta como el primer ejercicio de la Armada turca centrado íntegramente en sistemas no tripulados.
La misma fuente afirma que el Bayraktar TB3 ya había lanzado dos sonoboyas desde el buque TCG Anadolu durante el ejercicio Denizkurdu-I/2026 y que repitió esa capacidad en TURNAs-26. La combinación de UAV, buques y sensores acústicos apunta a una red distribuida para vigilar zonas litorales y pasos marítimos estratégicos, donde la persistencia y la cantidad de sensores pueden ser tan relevantes como las prestaciones individuales de cada plataforma.
Para España y otros países con intereses en el Mediterráneo, el desarrollo resulta significativo porque muestra una vía para ampliar la vigilancia submarina con plataformas de menor coste operativo y potencialmente más persistentes. Sin embargo, la información disponible no permite valorar la precisión de la localización acústica, la tasa real de detección, la resistencia frente a contramedidas ni la capacidad de convertir un contacto inicial en una pista submarina fiable.
La información procede de una única fuente especializada y no ha podido contrastarse de forma independiente.

