sábado, 24 de octubre de 2026 Actualidad de defensa y tecnología militar · 24/7
Drones

El Pentágono plantea desplegar en 120 días USV armados contra drones y amenazas de superficie

El Departamento de Defensa de Estados Unidos, junto con la Defense Innovation Unit y la oficina responsable de los sistemas no tripulados, habría abierto una convocatoria para desarrollar y poner a prueba en 120 días buques de superficie no tripulados armados. El objetivo es crear una capa distribuida de vigilancia e interceptación capaz de operar frente a amenazas aéreas y de superficie incluso con comunicaciones y navegación degradadas.

Imagen de portada: El Pentágono plantea desplegar en 120 días USV armados contra drones y amenazas de superficie

La iniciativa busca acelerar la integración de plataformas no tripuladas relativamente pequeñas con armas ya disponibles en el arsenal estadounidense. La convocatoria exigiría que los sistemas pudieran detectar, seguir y atacar amenazas aéreas situadas a más de tres millas náuticas, además de mantener capacidad contra objetivos de superficie.

Entre las armas contempladas figurarían el AGM-114L Longbow Hellfire, el AGM-179 JAGM, el cohete guiado APKWS y el misil aire-aire Stinger. La utilización del armamento permanecería bajo supervisión humana, un requisito destinado a mantener el control del operador sobre las decisiones de empleo de la fuerza.

Requisitos para los buques no tripulados

Los USV tendrían que alcanzar un alcance operativo de al menos 200 millas náuticas y una velocidad de crucero mínima de 10 nudos. También deberían incorporar navegación autónoma, capacidad de mantener la posición, evitación de colisiones y sensores con cobertura de 360 grados.

Uno de los aspectos más exigentes sería su funcionamiento en entornos donde los enlaces de comunicaciones y las señales de navegación por satélite estén degradados o denegados. La autonomía no dependería únicamente de que el buque pueda desplazarse sin tripulación, sino de que conserve una imagen suficientemente fiable del entorno y pueda coordinar sus acciones con la fuerza naval sin conexión permanente.

La posibilidad de enfrentarse a aeronaves de mayor tamaño, incluidas las clasificadas en el Grupo 5, aparece como una capacidad de alto valor potencial, pero su viabilidad todavía no está demostrada. Del mismo modo, no está confirmado que ningún USV haya sido seleccionado, integrado o desplegado operativamente como resultado de esta iniciativa.

Un programa de premios para acelerar las pruebas

El esfuerzo se estructuraría como un desafío de premios dividido en tres fases y con una duración total de 12 meses. La convocatoria contemplaría hasta 100 millones de dólares en recompensas, de los que hasta 40 millones corresponderían a la fase centrada en las capacidades contra aeronaves.

Las empresas seleccionadas tendrían que demostrar sus sistemas integrados en un plazo de 30 días. Posteriormente, estarían previstos ensayos operativos en la base expedicionaria conjunta de Little Creek, en Virginia, a comienzos de 2027. También se habrían reservado otros 200 millones de dólares para posibles acuerdos posteriores de prototipado y producción.

Entre las compañías que han probado o mostrado soluciones potencialmente compatibles figuran Saildrone, BlackSea Technologies y L3Harris. La francesa Exail podría participar de forma indirecta mediante un USV DriX H-9 destinado a ensayos de un sistema contra drones.

Más sensores y armas, sin sustituir a los buques de guerra

El interés militar del concepto no reside necesariamente en reemplazar a un destructor o a otra unidad tripulada. Su finalidad sería aumentar el número de sensores y armas disponibles en una zona de operaciones mediante plataformas capaces de asumir riesgos cerca de una fuerza naval sin comprometer de inmediato buques de mayor valor.

La integración de misiles ya existentes puede acortar los plazos de desarrollo, pero no elimina los problemas técnicos. Sensores, sistema de combate, lanzadores, identificación de objetivos y reglas de enfrentamiento deben funcionar como un conjunto coherente. Además, la pérdida de los enlaces de datos o del posicionamiento por satélite puede reducir de forma significativa la autonomía real del sistema.

El modelo también plantea una cuestión económica. Un USV de menor coste puede contribuir a saturar la defensa del adversario, pero la incorporación de misiles sofisticados eleva el precio de cada plataforma y de cada interceptador. La ventaja solo será sostenible si el coste total del sistema mantiene una relación favorable frente a los drones y embarcaciones no tripuladas de bajo precio que pretende neutralizar.

Para España y otras marinas europeas, el concepto resulta relevante por la proliferación de drones aéreos y navales de bajo coste. Sin embargo, esta iniciativa no implica la participación de la Armada española ni permite asumir que las soluciones estadounidenses puedan transferirse directamente. Su adopción exigiría adaptar los sistemas de mando y control, la logística, la normativa de empleo de la fuerza y la arquitectura de defensa aérea naval.

La referencia a que los drones Shahed iraníes han sido extremadamente difíciles de contrarrestar con las capacidades existentes de los destructores estadounidenses carece de datos operativos detallados y de corroboración independiente. Tampoco están verificadas las afirmaciones sobre la situación del USS Carl M. Levin en el mar Arábigo ni las previsiones relativas al grupo de combate del USS Theodore Roosevelt.

La información procede de una única fuente especializada y no ha podido contrastarse de forma independiente.