Un ensayo para combinar aviones tripulados y no tripulados
Según la información disponible, el HMS Queen Elizabeth habría operado drones de ataque unidireccionales Nyan Maritime durante una serie de ensayos realizados en octubre de 2026. El objetivo habría sido evaluar su empleo junto a los F-35B, en el marco del concepto británico de ala aérea híbrida.
Los Nyan Maritime habrían sido fabricados en Wiltshire por Callen-Lenz. Su lanzamiento desde la cubierta del portaaviones constituiría el primer ensayo de este tipo realizado por un buque británico de la clase Queen Elizabeth. El buque experimental XV Patrick Blackett ya habría efectuado con anterioridad el primer lanzamiento marítimo de estos sistemas.
La información fue publicada por Naval News, que atribuye el desarrollo de estas pruebas a la Royal Navy y recoge declaraciones favorables del secretario de Defensa británico, Wes Streeting, y del teniente comandante David Burton sobre la incorporación progresiva de sistemas no tripulados.
También habría operado un Tekever AR5
Durante los mismos ensayos, un vehículo aéreo no tripulado Tekever AR5 habría operado por primera vez desde un portaaviones, en el marco del ejercicio Heavy Lift Challenge 3.
El AR5 cuenta, según la descripción difundida, con una envergadura de siete metros y una capacidad de carga de 80 kilogramos. Esas características permitirían estudiar su empleo en misiones logísticas y en tareas de inteligencia, vigilancia, adquisición de objetivos y reconocimiento. Su presencia junto a los drones de ataque apunta a una experimentación que no se limita a las operaciones ofensivas, sino que también contempla aumentar la autonomía de los grupos aeronavales en misiones de apoyo y obtención de información.
Qué significa una futura ala aérea híbrida
El concepto busca combinar aeronaves tripuladas, como el F-35B, con sistemas no tripulados capaces de ampliar el alcance, la persistencia y las opciones de empleo del portaaviones. Los drones podrían asumir misiones de ataque, reconocimiento, señuelo o apoyo logístico, reduciendo potencialmente la exposición de las tripulaciones y permitiendo mantener más plataformas en el aire durante periodos prolongados.
Sin embargo, un lanzamiento experimental desde la cubierta demuestra principalmente una capacidad técnica y operativa inicial. Por sí solo, no acredita que los drones formen parte de una unidad desplegable, que dispongan de una cadena de mando y comunicaciones plenamente madura ni que hayan alcanzado una capacidad de combate declarada. La integración efectiva con los F-35B exige resolver además cuestiones de coordinación, control, mantenimiento, reglas de empleo y gestión del espacio aéreo.
Inversión británica en sistemas autónomos
El Gobierno británico prevé destinar más de 5.000 millones de libras hasta 2030 a sistemas autónomos, incluidos fondos para el Project Pantheon, buques no tripulados y drones de ataque unidireccionales de largo alcance, de acuerdo con la información disponible.
Esta línea de desarrollo responde a la necesidad de aumentar la masa y la flexibilidad de las fuerzas aeronavales sin depender exclusivamente de un número limitado de aviones tripulados. Para los portaaviones de la clase Queen Elizabeth, los sistemas no tripulados podrían complementar a los F-35B en misiones de mayor riesgo o ampliar las capacidades disponibles cuando la dotación de aeronaves tripuladas sea reducida.
Un modelo con aplicación limitada para España
El ensayo británico ofrece un punto de comparación para el debate sobre el futuro de la aviación naval, pero su traslación directa al caso español es limitada. La Armada española no opera portaaviones de ala fija ni cazas F-35B, por lo que no dispone de una plataforma equivalente desde la que reproducir este modelo de ala aérea híbrida.
La experiencia británica sí puede resultar relevante como referencia sobre el uso de sistemas autónomos embarcados, especialmente en funciones de vigilancia, reconocimiento, apoyo logístico y señuelo. La cuestión central no es únicamente si un dron puede despegar desde un buque, sino si puede integrarse de forma segura y útil en la estructura de mando, sensores y operaciones de una fuerza naval.
La información procede de una única fuente especializada y no ha podido contrastarse de forma independiente.


