Un contrato dividido por zonas geográficas
El contrato tendría un importe total de 61,7 millones de euros, impuestos incluidos, y cubriría el mantenimiento integral de las estaciones fijas del SIVE. El servicio incluiría radares, cámaras optrónicas, sensores acústicos, comunicaciones y otros elementos asociados a los emplazamientos terrestres del sistema.
La prestación se habría organizado en cuatro áreas: Levante, Sureste, Atlántico y Estrecho, y Canarias. La distribución territorial responde a la estructura descentralizada del SIVE, que cuenta con estaciones en Huelva, Cádiz, Algeciras, Ceuta, Málaga, Granada, Almería, Murcia, Alicante, Valencia, Castellón, Tarragona, Baleares, Gran Canaria, Tenerife y Pontevedra.
Existe, no obstante, una discrepancia en el desglose económico disponible. Las cuatro partidas citadas —15,0, 12,6, 18,7 y 15,2 millones de euros— suman 61,5 millones, doscientos mil euros menos que el importe total anunciado. No se ha precisado si la diferencia se debe a redondeos, a conceptos adicionales incluidos en la cifra global o a un error en alguno de los importes.
Continuidad de una relación industrial
EM&E trabajaría desde 2022 en el mantenimiento de los despliegues fijos del SIVE y también habría suministrado cámaras Oteos mediante distintos contratos. La nueva adjudicación prolongaría así la participación de la empresa en una infraestructura crítica para la vigilancia marítima española.
Además, la Guardia Civil habría contratado en 2024 a EM&E para modernizar el SIVE en el entorno del estrecho de Gibraltar. Ese proyecto incluiría nuevos sensores, radares, equipos móviles y capacidades de procesamiento basadas en inteligencia artificial.
La referencia a la inteligencia artificial no permite determinar qué funciones concretas se automatizarían ni qué grado de autonomía tendrían. En este tipo de arquitectura, su aplicación podría orientarse al apoyo a la detección, clasificación o priorización de contactos, pero la identificación definitiva y la decisión operativa seguirían dependiendo de la validación de los centros responsables.
Una red de vigilancia, no un sistema autónomo de interceptación
El SIVE no actúa por sí solo contra las embarcaciones detectadas. Sus radares, cámaras electroópticas e infrarrojas, sensores y redes de comunicaciones generan una imagen del tráfico marítimo y permiten seguir los contactos, mientras que los centros de mando analizan la información y coordinan la respuesta.
La actuación posterior corresponde a patrulleras, aeronaves, unidades terrestres, servicios de emergencia u otros medios operativos. El valor del sistema reside, por tanto, en ampliar el tiempo disponible para reaccionar ante una embarcación sospechosa o ante una emergencia, más que en ejecutar de forma autónoma una interceptación.
El mantenimiento resulta especialmente relevante en una red extendida por territorios y fachadas marítimas muy diferentes. La disponibilidad de cada estación, la calibración de los sensores, la continuidad de las comunicaciones y la integración del software condicionan la cobertura efectiva. Una avería localizada puede reducir la capacidad de vigilancia en un área concreta aunque el resto de la red permanezca operativo.
Para España, el contrato conecta tres objetivos distintos: el control de la frontera marítima, la lucha contra el narcotráfico y la respuesta ante posibles naufragios o situaciones de peligro. Sin embargo, el importe adjudicado no permite medir por sí solo el resultado operativo del programa. Para evaluar su eficacia serían necesarios datos sobre la disponibilidad real de las estaciones, las zonas de sombra, los tiempos de respuesta y el número de alertas que terminan en interceptaciones o rescates.
La información procede de una única fuente especializada y no ha podido contrastarse de forma independiente.


