martes, 20 de octubre de 2026 Actualidad de defensa y tecnología militar · 24/7
Guerra Rusia Ucrania

Ucrania habría alcanzado tres buques rusos en Novorossiysk con misiles Long Neptune

Las fuerzas navales ucranianas habrían atacado el 9 de septiembre de 2026 varios buques rusos amarrados en Novorossiysk, entre ellos las fragatas Admiral Essen y Admiral Makarov y una corbeta Buyan-M. El episodio sería el primer empleo conocido del misil Long Neptune contra un buque y podría ampliar el alcance de la amenaza ucraniana sobre la Flota rusa del Mar Negro.

Imagen de portada: Ucrania habría alcanzado tres buques rusos en Novorossiysk con misiles Long Neptune

Un ataque atribuido al Long Neptune

Según la información disponible, el ataque habría alcanzado tres buques de la Flota rusa del Mar Negro en el puerto de Novorossiysk. Los objetivos serían las fragatas Admiral Essen y Admiral Makarov, ambas de la clase Grigorovich, y una corbeta de la clase Buyan-M.

La Armada ucraniana habría comunicado inicialmente un impacto contra la Admiral Essen. Posteriormente, imágenes satelitales difundidas al día siguiente habrían mostrado daños en los tres buques. La evaluación disponible atribuye todos los impactos a misiles Long Neptune, aunque esa atribución no cuenta con confirmación pública independiente ni con pruebas técnicas abiertas sobre el armamento empleado.

La corbeta Buyan-M habría sufrido los daños más graves, con incendios, un posible colapso estructural y afectación en la zona de lanzamiento vertical situada a popa. Las dos fragatas presentarían daños moderados o graves en sus secciones de proa, especialmente alrededor de sus propios sistemas de lanzamiento vertical.

Qué aporta el Long Neptune

El Long Neptune se describe como una evolución de mayor alcance del misil antibuque ucraniano R-360 Neptune, desarrollado y fabricado por Luch Design Bureau. Su entrada en servicio se situaría a finales de 2025. La estimación disponible cifra en aproximadamente 400 kilómetros su alcance contra objetivos marítimos desde el frente y en más de 500 kilómetros su alcance máximo contra objetivos terrestres.

Si esas prestaciones y el empleo operativo se confirman, el sistema permitiría a Ucrania amenazar buques situados muy por detrás de la línea de contacto. La distancia entre el frente y Novorossiysk convertiría el ataque en algo distinto de una acción limitada contra unidades próximas a la costa ucraniana: obligaría a Rusia a proteger también sus principales instalaciones navales del este del mar Negro.

La relevancia del ataque no dependería únicamente de que los buques permanezcan a flote. Los daños en lanzadores verticales, sensores, superestructuras o sistemas de combate pueden dejar temporalmente fuera de servicio a una unidad incluso cuando el casco conserva su integridad. No obstante, la afirmación de que las dos fragatas habrían perdido sus capacidades de defensa aérea y lanzamiento de misiles sigue siendo una evaluación visual, no una confirmación oficial de su estado operativo.

Presión sobre la Flota del Mar Negro

La información disponible sostiene que, sumando este episodio a daños anteriores, al menos cuatro de los diez buques de superficie rusos con capacidad para lanzar misiles de crucero estarían fuera de servicio o operarían con limitaciones. Esa cifra no constituye un recuento confirmado: depende de supuestos sobre el estado de cada unidad y sobre las plataformas consideradas capaces de emplear misiles Kalibr.

El antecedente del hundimiento del crucero Moskva en 2022 ya había demostrado que la presencia de armas antibuque ucranianas condicionaba la defensa de las bases y los movimientos rusos. Un misil de mayor alcance trasladaría parte de esa presión a puertos situados más lejos de la línea de combate y reduciría el valor de la distancia como medida de protección.

También se ha planteado que Rusia podría haber redistribuido sus buques dentro de los amarres para dificultar su adquisición como objetivos, pero esa posibilidad no está confirmada. Del mismo modo, el episodio no permite demostrar por sí solo que la mayor destrucción frente a ataques anteriores con drones se deba a una mayor potencia de los misiles.

Un problema de sustitución para Rusia

La capacidad rusa para reemplazar rápidamente las unidades dañadas desde otras flotas está limitada por el cierre del Bósforo a determinados movimientos de buques de guerra. La importancia práctica de esa restricción depende del estado real de los buques alcanzados y de las decisiones de Turquía y Rusia, pero reduce el margen de maniobra de Moscú para reforzar el mar Negro con unidades procedentes de otras bases.

El posible ataque también apunta a una dimensión de inteligencia, vigilancia y reconocimiento. Si Ucrania logró localizar, identificar y atacar buques móviles a esa distancia, dispondría de una capacidad de seguimiento relevante. Sin embargo, esa conclusión es una valoración analítica derivada del episodio y no una demostración pública detallada de los medios empleados.

Para España y otros países europeos, el caso resulta relevante por mostrar cómo un misil de fabricación nacional, combinado con vigilancia persistente, podría amenazar buques de alto valor incluso en puertos considerados relativamente seguros. La eficacia real del Long Neptune, su producción, disponibilidad, precisión y capacidad para superar las defensas aéreas rusas todavía necesitan confirmación independiente.

La información procede de una única fuente especializada y no ha podido contrastarse de forma independiente.