Un centro específico para aeronaves no tripuladas
Infodefensa afirma que el USS Theodore Roosevelt es el primer portaaviones de la clase Nimitz dotado de un Centro de Guerra Aérea No Tripulada (UAWC). De acuerdo con esa fuente, la existencia de la instalación aparece reflejada en documentación presupuestaria estadounidense vinculada al programa MQ-25.
El centro estaría destinado a planificar, controlar y coordinar las operaciones de aeronaves no tripuladas junto con el resto del ala aérea embarcada. No se trataría, por tanto, únicamente de añadir un nuevo avión a la cubierta de vuelo, sino de adaptar la organización del portaaviones a una forma distinta de gestionar misiones, enlaces de datos, espacio aéreo y mantenimiento.
El MQ-25 como avión cisterna
Según Infodefensa, el MQ-25A Stingray, desarrollado por Boeing, ha sido concebido inicialmente como una aeronave no tripulada de reabastecimiento en vuelo para los cazas embarcados de la US Navy. Su función principal sería recuperar a los F/A-18E/F Super Hornet de las misiones de cisterna, permitiendo que esos aparatos se concentren en cometidos como el ataque, la defensa aérea o la escolta.
La importancia del programa reside así en el empleo más eficiente de los aviones tripulados disponibles, y no en que el MQ-25 sea un caza autónomo. El sistema necesita integrarse con la planificación de misiones, la gestión de enlaces de datos, la coordinación del tráfico aéreo sobre el portaaviones y unos procedimientos de mantenimiento específicos.
Infodefensa señala que el programa ha sufrido retrasos y que su llegada operativa a los grupos de combate de portaaviones no se produciría antes del año fiscal 2029. La misma fuente indica que el MQ-25 superó el hito Milestone C, que fue autorizado para iniciar la producción inicial de baja cadencia y que el primer ejemplar representativo de producción realizó su primer vuelo. También atribuye al escuadrón VUQ-10 la participación en la preparación de los procedimientos de operación y mantenimiento del sistema.
Una integración más compleja que instalar un nuevo avión
La adaptación del Theodore Roosevelt ilustra el desafío que plantea operar aeronaves no tripuladas desde un portaaviones diseñado originalmente alrededor de plataformas tripuladas. El UAWC tendría que servir como punto de coordinación entre el sistema no tripulado, la cubierta de vuelo, los aviones embarcados y los responsables de la misión.
La posibilidad de que el MQ-25 asuma más adelante misiones de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, actúe como nodo de comunicaciones o incorpore funciones de combate forma parte de las previsiones atribuidas a la US Navy, pero no constituye una capacidad operativa confirmada. Del mismo modo, la expectativa de que amplíe de forma significativa el radio de acción de los cazas embarcados se basa en las estimaciones y objetivos del programa, no en una capacidad demostrada en servicio.
La fiabilidad de los enlaces, la madurez técnica y la certificación de los procedimientos serán factores determinantes para que el sistema pueda integrarse de manera rutinaria en las operaciones de un grupo de combate. La transición hacia alas aéreas embarcadas mixtas dependerá tanto del vehículo como de la capacidad del buque para gestionar la combinación de aeronaves tripuladas y no tripuladas.
Un posible precedente, todavía por demostrar
La idea de que el UAWC del Theodore Roosevelt se convierta en el modelo para transformar el resto de los portaaviones estadounidenses y avanzar hacia una futura ala aérea híbrida debe considerarse una proyección, no un resultado confirmado. El valor del buque como precedente dependerá de cómo funcione la instalación durante la preparación y la posterior entrada en servicio del MQ-25.
Para España, la aplicación directa es limitada: la Armada no opera portaaviones de catapultas ni dispone de un programa equivalente al MQ-25. Aun así, la experiencia estadounidense puede ofrecer referencias útiles para la integración de drones en buques anfibios, la gestión del espacio aéreo embarcado y la coordinación entre sistemas tripulados y no tripulados. Estas consideraciones forman parte del contexto general sobre aviación naval y no proceden de una segunda fuente consultada.




