jueves, 22 de octubre de 2026 Actualidad de defensa y tecnología militar · 24/7
Sistemas de defensa

El MBRL de Roketsan podría competir por el programa SILAM junto a GMARS y Chumnoo

El lanzacohetes múltiple MBRL de la empresa turca Roketsan aparece como una posible alternativa para redefinir el programa español SILAM, después de la supuesta cancelación del contrato asociado al sistema israelí PULS. La opción turca no está seleccionada ni consta que haya sido evaluada oficialmente, pero introduce en el debate una plataforma capaz de emplear municiones de distintos calibres y misiles tácticos.

Imagen de portada: El MBRL de Roketsan podría competir por el programa SILAM junto a GMARS y Chumnoo

Un programa todavía pendiente de redefinición

Según la información disponible, el contrato inicial del programa SILAM, basado en el sistema israelí PULS, habría sido cancelado formalmente en septiembre de 2025. El acuerdo habría tenido un valor cercano a los 700 millones de euros y habría sido adjudicado a una unión temporal integrada por EM&E Group y Rheinmetall Expal Munitions.

La misma información señala que ambas empresas presentaron en enero de 2026 una propuesta nacional para redefinir SILAM mediante un desarrollo por fases. En febrero, EM&E y GMV habrían formalizado además una colaboración relacionada con la dirección de tiro, la navegación de cohetes guiados y la integración con los sistemas españoles de mando y control de artillería.

Ese planteamiento apunta a que la discusión ya no se limita a adquirir un lanzador disponible en el mercado. El programa tendría que resolver también quién ejerce la autoridad de diseño, qué tecnologías se transfieren a España y qué capacidad nacional queda para modificar, mantener y actualizar el sistema durante su vida operativa.

La propuesta de Roketsan

El MBRL de Roketsan aparece como una opción de interés industrial, aunque no está confirmada su selección ni consta una evaluación oficial por parte del Ministerio de Defensa. Directivos de la compañía turca habrían mostrado interés por SILAM, pero también habrían señalado que no existe por ahora ningún acuerdo firme.

De acuerdo con las especificaciones comerciales atribuidas al fabricante, el sistema puede emplear municiones de 122, 230 y 300 milímetros, además del misil táctico KHAN de 610 milímetros. El catálogo de Roketsan sitúa el alcance global entre 10 y 280 kilómetros, en función de la munición utilizada, y contempla la instalación del lanzador sobre camiones tácticos de seis u ocho ruedas.

Estas cifras describen las capacidades anunciadas para las distintas municiones y no constituyen por sí mismas una validación operativa independiente. Tampoco está confirmado que España pudiera fabricar esas municiones, acceder a su propiedad intelectual o controlar las actualizaciones de software, la integración de nuevos proyectiles y la evolución del sistema.

No hay una alternativa única acreditada

El MBRL no sería la única opción mencionada en relación con SILAM. GMARS y Chumnoo también aparecen como posibles alternativas, pero no está acreditado que ninguno de estos sistemas, ni otras familias de lanzacohetes, haya sido sometido a una evaluación oficial dentro del programa.

La comparación entre plataformas no debería centrarse únicamente en el alcance máximo del cohete. GMARS, Chumnoo, MBRL o cualquier otra solución tendrían que valorarse por su compatibilidad con las redes españolas de artillería, sus sensores y sistemas de adquisición de objetivos, sus comunicaciones y su integración con las estructuras de mando y control.

También resultan determinantes la disponibilidad real de las municiones, la capacidad de producirlas o sostenerlas en España y las condiciones de acceso a los elementos más sensibles del sistema. Un lanzador maduro puede reducir los plazos y los riesgos de desarrollo, pero puede mantener dependencias exteriores en los proyectiles, el software, la navegación, el mantenimiento y las actualizaciones.

La decisión clave: plataforma o soberanía

El dilema de SILAM enfrenta dos modelos. La compra de una solución ya desarrollada permitiría acortar potencialmente la entrada en servicio y limitar los riesgos tecnológicos. A cambio, España podría disponer de un margen más reducido para controlar la evolución del sistema y depender en mayor medida del proveedor extranjero.

Un desarrollo nacional o una cooperación que garantice autoridad de diseño española ofrecería más control a largo plazo sobre la integración, las actualizaciones y la producción de munición. Ese camino implicaría previsiblemente mayor coste, más complejidad y un riesgo tecnológico superior.

La utilidad militar de un sistema de fuegos de largo alcance depende, además, de toda la cadena que lo sostiene: sensores, identificación y adquisición de objetivos, comunicaciones, mando y control, logística y disponibilidad continuada de munición. Por eso, la eventual elección del lanzador será solo una parte de la decisión. La cuestión central será qué nivel de autonomía industrial y operativa está dispuesto a conservar España.

La información procede de una única fuente especializada y no ha podido contrastarse de forma independiente.