La Fuerza Aérea de Estados Unidos trabaja con el objetivo de alcanzar una fuerza de 1.509 aviones de combate listos para el combate en 2035. La cifra habría sido trasladada al Congreso por el propio servicio, aunque todavía no se conoce el documento o la metodología utilizada para calcularla.
La diferencia entre disponer de un determinado número de aeronaves y mantenerlas realmente preparadas para una misión resulta decisiva. Un inventario puede incluir aviones sometidos a mantenimiento, en modernización, asignados a unidades no desplegables o pendientes de recibir personal y repuestos. Por ese motivo, el objetivo de 1.509 aparatos podría referirse al inventario total, a las aeronaves asignadas a unidades operativas o únicamente a los aviones disponibles y aptos para una misión concreta.
El posible regreso del F-16 de nueva fabricación
En este contexto, el teniente general David Tabor habría confirmado que la Fuerza Aérea estudia la adquisición de F-16 de nueva construcción. La decisión no sería urgente, según la información disponible, lo que apunta por ahora a una evaluación de opciones y no a un pedido aprobado.
El interés estadounidense tendría encaje como medida de transición o de refuerzo frente al envejecimiento de parte de la flota. El F-16 continúa fabricándose para clientes internacionales, por lo que una eventual compra estadounidense sería técnicamente distinta de recurrir a aeronaves usadas, aunque no está claro si el análisis contempla una partida presupuestaria, una opción de adquisición o únicamente un estudio interno.
Una flota en plena transformación
La posible incorporación de nuevos F-16 se produciría mientras la Fuerza Aérea sustituye y moderniza sus aviones de combate mediante varios programas. El F-35A aporta capacidades furtivas y de sensores avanzados, el F-15EX cubre parte de las necesidades de carga útil y alcance, y las futuras plataformas de nueva generación están destinadas a transformar progresivamente el componente de combate aéreo.
La cuestión no es solo cuántos aviones figuran en los inventarios, sino cuántos pueden emplearse de forma sostenida. La disponibilidad depende del mantenimiento, la cadena logística, la formación de tripulaciones, la capacidad de las bases y el ritmo de incorporación de nuevas aeronaves. Por eso, una exigencia de 1.509 aparatos listos para 2035 implicaría un esfuerzo industrial y operativo considerable, incluso aunque el número no equivalga al tamaño total de la flota.
Para los aliados europeos, el planteamiento estadounidense ofrece una referencia sobre la dimensión del esfuerzo necesario para mantener una fuerza de combate disponible dentro de la OTAN. En el caso de España, la comparación debe hacerse con cautela: el Ejército del Aire y del Espacio no opera F-16 y sus decisiones se articulan en torno a las flotas de F-18 y Eurofighter, además de la evolución futura de sus capacidades aéreas.
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