Armada

La CBO habría estimado en 23.400 millones de dólares el primer buque de la futura clase Trump

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La futura clase Trump de grandes combatientes de superficie aparece, por ahora, como un programa de planificación con un coste potencial extraordinario. De acuerdo con Infodefensa, que atribuye sus datos a la CBO, el primer buque BBGN(X) podría alcanzar los 23.400 millones de dólares en moneda constante de 2026.

La misma estimación situaría en unos 18.000 millones de dólares el coste medio de cada una de las catorce unidades posteriores. Si el plan llegara finalmente a quince buques, el desembolso total rondaría los 275.000 millones de dólares. Esa proyección no equivale, sin embargo, a una decisión de adquisición plenamente ejecutada: el número de unidades y el calendario siguen siendo hipótesis de planificación.

Un buque entre el crucero y el acorazado

Según la información atribuida a la CBO, la Marina estadounidense pretende financiar el primer buque en el ejercicio fiscal 2028. El BBGN(X) sustituiría al cancelado DDG(X) y tendría unas 35.000 toneladas a plena carga y aproximadamente 268 metros de eslora.

El diseño contemplaría un amplio sistema de lanzamiento vertical, misiles hipersónicos Conventional Prompt Strike, misiles de crucero, armas láser y otros sistemas de energía dirigida. La posibilidad de incorporar misiles de crucero con capacidad nuclear circula únicamente como una opción no confirmada y no debe tratarse como una característica definida del buque.

Los defensores del concepto sostienen que una plataforma de este tamaño podría reforzar de forma decisiva la disuasión frente a China y Rusia. Esa afirmación es una valoración estratégica, no un resultado demostrado. También se han difundido opiniones de analistas no identificados según las cuales el aumento de capacidad de lanzamiento podría ser limitado en relación con el coste y el riesgo operativo; esas opiniones no han podido ser contrastadas.

El cuello de botella industrial

El coste del primer buque sería previsiblemente superior al de las unidades siguientes porque concentraría tareas que no se repiten con la misma intensidad: diseño detallado, integración de sistemas, certificación y resolución de problemas de producción. Aun así, las economías de escala no garantizan que el programa alcance las previsiones iniciales.

La propulsión nuclear añadiría exigencias específicas en materia de seguridad, regulación, personal cualificado, infraestructura y cadena de suministro. Infodefensa sostiene que Bath Iron Works e Ingalls Shipbuilding no cuentan con certificación para realizar trabajos de propulsión nuclear en buques de superficie, mientras que esa capacidad se concentra en Newport News Shipbuilding.

La fuente también afirma que los retrasos existentes en la construcción de destructores Arleigh Burke complicarían que los astilleros asumieran al mismo tiempo un programa de la magnitud del BBGN(X). La CBO habría advertido, además, de que el ritmo de producción de grandes combatientes de superficie previsto a partir de 2035 superaría en más de un 60 % los niveles actuales.

Estados Unidos dispone de una base industrial nuclear naval avanzada en los ámbitos de los portaaviones y los submarinos. Trasladar esa experiencia a un nuevo combatiente de superficie exigiría, no obstante, adaptar instalaciones, procedimientos y cadenas de suministro. El desafío, por tanto, no sería únicamente encontrar financiación, sino sostener durante décadas la capacidad industrial y humana necesaria.

La discusión sobre la concentración de potencia

El debate sobre el BBGN(X) afecta también al modelo de flota. Un buque muy grande puede reunir sensores, armas y sistemas de mando en una sola plataforma, pero esa concentración convierte al propio buque en un objetivo de alto valor. Las alternativas basadas en flotas más distribuidas, unidades menores y sistemas no tripulados buscan aumentar la resiliencia y dificultar la localización y neutralización por parte de un adversario.

Para España y otros socios europeos, el caso ofrece una referencia relevante sobre el coste de incorporar plataformas de gran tamaño, la disponibilidad de astilleros especializados y la necesidad de mano de obra cualificada. También reabre una cuestión común a muchas marinas: si resulta preferible concentrar una gran cantidad de capacidad en pocos buques o repartirla entre una flota más numerosa y distribuida.

La cifra de 23.400 millones debe leerse, por tanto, como una estimación atribuida a la CBO y difundida por Infodefensa, no como el precio definitivo de un buque ya contratado. Tampoco está confirmado que el programa se desarrolle conforme a lo previsto ni que llegue a materializar las quince unidades contempladas.