Un sistema francés para sustituir al LRU
Según la información disponible, la Dirección General de Armamento y Material francesa habría confiado a MBDA y Safran el programa Thundart. El objetivo sería desarrollar una capacidad de ataque terrestre profundo que reemplace al sistema LRU utilizado por el Ejército francés.
El proyecto incorporaría cohetes de precisión con un alcance de hasta 150 kilómetros y estaría orientado a batir puestos de mando, depósitos logísticos y otros objetivos situados más allá del alcance habitual de la artillería de tubo. La previsión de entrada en servicio alrededor de 2030 es provisional y deberá concretarse mediante documentación contractual pública.
Safran Electronics & Defense y MBDA habrían creado una sociedad conjunta participada al 50% para dirigir el desarrollo, la producción y el apoyo del sistema durante su ciclo de vida. Esta fórmula permitiría concentrar en una estructura común las competencias de Safran en sensores, navegación y electrónica de defensa con la experiencia de MBDA en misiles y municiones guiadas.
Integración y autonomía tecnológica
El Thundart estaría diseñado para integrarse en la arquitectura de mando y control del Ejército de Tierra francés, incluido el sistema Atlas. También tendría que operar en escenarios donde las interferencias o la degradación de la navegación por satélite reduzcan la eficacia de los sistemas de guiado convencionales.
La apuesta francesa no se limitaría a adquirir un lanzador ya operativo en el mercado internacional. El planteamiento apunta a preservar una capacidad nacional de evolución tecnológica, adaptar el sistema a las redes de mando francesas y mantener bajo control industrial el desarrollo de las municiones y del sostenimiento.
Ese enfoque ofrece ventajas de autonomía y adaptación, pero también implica más riesgos de calendario, integración y coste que la compra de una solución madura. La posible comercialización futura del Thundart a países aliados aparece como una opción del programa, no como una exportación aprobada ni como un pedido confirmado.
Europa acelera sus programas de fuegos de largo alcance
El posible lanzamiento del Thundart se produciría en un momento de expansión de las capacidades de cohetes de precisión en Europa. La guerra de Ucrania ha mostrado el valor operativo de combinar alcance, movilidad, precisión y concentración de fuegos para atacar objetivos situados en profundidad.
La información disponible atribuye a Noruega la selección del K239 Chunmoo, a Croacia la aprobación de la compra de 18 lanzadores del mismo sistema, a Suecia la autorización para adquirir el HIMARS y a Grecia la contratación del PULS. Estos movimientos reflejan una tendencia común: disponer de fuegos terrestres capaces de complementar a la artillería de tubo y responder con rapidez a objetivos de alto valor.
La competencia europea no se limita al lanzador. La capacidad real depende también de la disponibilidad de municiones guiadas y no guiadas, de los sensores y medios de adquisición de objetivos, de las redes de mando y control, del entrenamiento, del sostenimiento y de la capacidad industrial para reponer existencias.
España pierde margen de maniobra con el Silam
En España, el programa Silam continúa sin una solución pública confirmada después de la cancelación de la opción basada en el PULS y de la presentación de una alternativa por EM&E y Rheinmetall Expal Munitions.
Según la información disponible, el programa habría sido adjudicado a finales de 2023 por unos 700 millones de euros a una unión temporal de empresas formada por ambas compañías. La propuesta se habría basado inicialmente en el PULS e incluido participación industrial española, aunque la alternativa posterior no se ha detallado públicamente con suficiente precisión para determinar qué elementos del sistema han cambiado.
Por eso, no es posible establecer si las dificultades afectan al lanzador, a las municiones, a la integración con los sistemas nacionales, a la arquitectura de mando y control o al modelo de participación industrial. Tampoco puede concluirse que España haya abandonado definitivamente el Silam ni que exista ya una decisión tomada sobre un sustituto concreto.
La comparación con Francia muestra dos caminos diferentes. París habría optado por impulsar una solución propia, con el riesgo de asumir un desarrollo más largo y complejo. España, en cambio, partía de una solución extranjera con participación industrial nacional, pero todavía no ha hecho pública la configuración definitiva de su capacidad.
La información procede de una única fuente especializada y no ha podido contrastarse de forma independiente.


