El cierre de un curso, no la retirada del avión
Según la información publicada por Infodefensa, la última promoción del 66th Weapons Squadron de la US Air Force Weapons School ha completado su formación avanzada sobre el A-10 Thunderbolt II. La misma fuente señala que la Fuerza Aérea estadounidense ha decidido no continuar preparando nuevos oficiales de armas —Weapons Officers— específicamente especializados en este modelo.
El 66th Weapons Squadron se ocupa, de acuerdo con Infodefensa, de la formación táctica avanzada relacionada con el A-10: tácticas de empleo, utilización del armamento, integración multidominio y planificación operacional. La unidad sería heredera de una tradición de especialización iniciada décadas atrás y habría contribuido a consolidar la doctrina de empleo del avión.
El matiz clave es que el cierre del curso no equivale a una retirada inmediata de la flota. Los A-10 seguirán operativos durante un periodo transitorio, aunque la desaparición de una vía específica para formar nuevos especialistas puede limitar la renovación de instructores, la actualización de procedimientos y la transmisión de experiencia dentro de las unidades que aún empleen el avión.
Un horizonte condicionado por la transición
Infodefensa sitúa aproximadamente hacia 2030 el horizonte de permanencia de los A-10, aunque también señala que tanto el calendario como el tamaño de la flota han estado condicionados por decisiones del Congreso estadounidense. Por tanto, esa fecha debe entenderse como una referencia sujeta a la evolución del proceso político y presupuestario, no como una fecha de retirada presentada aquí como definitiva.
La decisión de dejar de formar nuevos especialistas responde, según la fuente, a la previsión de que los Weapons Officers ya cualificados sean suficientes para sostener los últimos escuadrones durante los años restantes de servicio. La información disponible no permite afirmar, sin embargo, que la última promoción del 66th Weapons Squadron sea necesariamente la última generación de especialistas del A-10 en todos los sentidos: podrían existir mecanismos de cualificación o formación fuera de esa unidad.
Por eso, la graduación puede interpretarse como el inicio de una despedida doctrinal, pero esa formulación es una interpretación periodística no verificada de forma independiente, no un hecho operativo separado. Tampoco está respaldada por testimonios identificados o fuentes independientes la idea de que el cierre sea considerado por muchos pilotos como un momento especialmente decisivo o que el A-10 sea insustituible.
Del avión especializado a una arquitectura distribuida
La transición prevista por la USAF no consiste necesariamente en sustituir cada misión del A-10 por una única plataforma. Según Infodefensa, la Fuerza Aérea pretende repartir progresivamente las funciones de apoyo aéreo cercano entre el F-35, sistemas no tripulados, municiones merodeadoras y futuros sistemas de combate colaborativo.
Este cambio refleja una diferencia entre retirar una aeronave y retirar la infraestructura doctrinal que la sostiene. Un avión puede permanecer en servicio mientras se reduce la capacidad institucional para formar nuevos expertos, revisar tácticas y mantener una comunidad de conocimiento especializada. En ese sentido, el final de un curso puede marcar una transición más profunda que la simple salida de una unidad del orden de batalla.
El debate sobre el A-10 tampoco se limita a sus prestaciones. El modelo representa una forma histórica de apoyo aéreo cercano, basada en la actuación a baja cota y en una estrecha relación con las fuerzas terrestres. En un escenario de alta intensidad, esa aproximación debe enfrentarse a redes integradas de defensa aérea, sensores distribuidos y guerra electrónica, factores que elevan las exigencias de supervivencia y de conectividad.
El F-35 aporta sensores avanzados, enlaces de datos y una mayor capacidad de penetración, pero no reproduce automáticamente los perfiles operativos ni los conceptos de empleo del A-10. La consecuencia probable es una distribución de la misión entre aeronaves tripuladas, armas de precisión, plataformas no tripuladas y redes de mando y control, en lugar de una sustitución directa avión por avión.
Una referencia para las fuerzas aéreas europeas
Para España y otros países europeos, el caso ofrece un ejemplo del dilema que acompaña a la modernización de las fuerzas aéreas: mantener plataformas muy especializadas para misiones concretas o concentrar recursos en sistemas polivalentes y con mayor capacidad de supervivencia en entornos disputados.
La experiencia estadounidense muestra que esa elección afecta a algo más que a las aeronaves disponibles. También determina qué conocimientos se conservan, cómo se forman los instructores y de qué manera se integra el apoyo a las tropas terrestres en una arquitectura de combate cada vez más dependiente de sensores, redes y sistemas no tripulados.

