Un programa de casi 2.400 millones de euros
El programa español habría sido aprobado a mediados de 2024 y contemplaría la adquisición de cuatro baterías Patriot en configuración 3+. El paquete incluiría 24 lanzadores M903, 51 misiles PAC-3 MSE, cuatro radares AN/MPQ-65, cuatro estaciones de control AN/MSQ-132, dos centrales ICC y cuatro plantas de suministro eléctrico.
El contrato correspondiente a las baterías y los equipos asociados habría sido adjudicado a Raytheon en diciembre de 2025 por 1.445 millones de euros. El techo de gasto global del programa se situaría cerca de los 2.400 millones. Defensa prevé que los nuevos sistemas lleguen en 2030, aunque el suministro de misiles afrontaría una presión específica por la situación del mercado internacional.
El cuello de botella está también en los interceptores
La disponibilidad de lanzadores, radares y puestos de mando no garantiza por sí sola una capacidad antimisil completa. Cada batería necesita una dotación suficiente de interceptores para mantener operaciones sostenidas, afrontar varios enfrentamientos y conservar una reserva para escenarios prolongados.
España formalizó a comienzos de 2024 una compra multinacional de misiles GEM-T PAC-2 por aproximadamente 400 millones de euros y adquirió ese mismo año a Lockheed Martin un número no revelado de misiles PAC-3 MSE. Las dos familias pueden integrarse en el sistema Patriot, pero cumplen funciones distintas y están sometidas a diferencias de disponibilidad, coste, producción y empleo operativo.
Por ello, una entrega escalonada de misiles podría generar una capacidad inicialmente desequilibrada: los elementos terrestres estarían disponibles, pero con una reserva de interceptores menor de la prevista. También afectaría a la planificación de ejercicios, al ritmo de entrenamiento y a la capacidad de mantener desplegadas las unidades durante periodos prolongados.
Una demanda impulsada por varios conflictos
La producción de los sistemas Patriot y de sus interceptores se habría visto tensionada por el aumento de la demanda desde el inicio de la guerra de Ucrania y por las necesidades derivadas de la situación en Oriente Próximo. Estados Unidos habría impulsado un plan para acelerar la fabricación de interceptores y otros componentes, con la participación de Lockheed Martin, Raytheon, Boeing y L3Harris.
La presión sobre la cadena de suministro no se limita al misil terminado. También puede afectar a componentes, repuestos, equipos electrónicos y elementos necesarios para sostener la disponibilidad técnica de las baterías. En un sistema de esta complejidad, recibir los equipos principales según calendario no elimina necesariamente los riesgos asociados al mantenimiento y a la reposición de existencias.
La relevancia para la defensa aérea española
El Patriot aporta a España una capacidad de alta gama dentro de la defensa aérea integrada de la OTAN. Su valor depende tanto de las prestaciones de los sensores y del sistema de mando como del número de interceptores disponibles, de la capacidad de reabastecimiento y de la coordinación con otras capas defensivas.
La modernización deberá encajar con los sistemas nacionales y aliados de corto y medio alcance, los sensores distribuidos y las redes de mando y control. El objetivo no es únicamente incorporar cuatro baterías nuevas, sino mantener una arquitectura equilibrada en la que los lanzadores, los radares, los centros de control, los misiles y el apoyo logístico estén disponibles al mismo tiempo.
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