Una plataforma no tripulada de gran tamaño
El LASV75 se plantea como una plataforma de 75 metros de eslora, una dimensión que lo sitúa por encima de los vehículos de superficie no tripulados ligeros y lo acerca, por volumen y persistencia, a determinadas funciones tradicionalmente asignadas a buques tripulados. Según la información disponible sobre la propuesta de Navantia, el desplazamiento se situaría entre 1.000 y 1.500 toneladas.
El diseño tendría un alcance previsto de hasta 6.000 millas náuticas y una permanencia inicial de hasta 30 días sin personal embarcado. La operación comenzaría mediante control remoto con supervisión humana y podría evolucionar posteriormente hacia niveles superiores de autonomía. Navantia UK prevé madurar el diseño con el objetivo de iniciar su construcción en 2027.
Estas prestaciones no implican que el buque pueda operar desde el primer momento sin comunicaciones ni asistencia externa. La navegación y el empleo de sistemas en un entorno de guerra electrónica exigirían resolver problemas de detección, identificación, toma de decisiones y recuperación de la plataforma cuando se degraden o pierdan los enlaces de mando, la señal GPS o las redes de datos.
Módulos para guerra antisubmarina y defensa aérea
La propuesta se basa en una arquitectura modular destinada a permitir la instalación de diferentes paquetes de misión. Entre las configuraciones descritas figura una orientada a la guerra antisubmarina, con sonar remolcado, lanzadores de sonoboyas, batitermógrafos, tubos lanzatorpedos y una zona de operación para drones.
La combinación de estos equipos apunta a un buque capaz de desplegar sensores y efectos distribuidos alrededor de una unidad no tripulada. Sin embargo, disponer de espacio y puntos de integración para esos sistemas no equivale por sí solo a contar con una capacidad antisubmarina operativa. Esta misión requiere coordinar información acústica, sonoboyas, condiciones meteorológicas y datos tácticos, además de establecer procedimientos seguros para el empleo de torpedos.
La configuración de defensa antiaérea podría integrar un sistema de lanzamiento vertical Mk 41, un radar de exploración aérea, señuelos y un cañón de 40 milímetros. La elección definitiva de sensores, armas y equipos de autoprotección sigue abierta, al igual que su integración y certificación en una plataforma sin tripulación.
Las imágenes mostradas durante la presentación también habrían incluido representaciones con 32 celdas de lanzamiento vertical, un arma láser, misiles de crucero de largo alcance y drones de ataque. Estas capacidades deben considerarse elementos no confirmados del concepto: no consta que formen parte de una configuración contratada ni que vayan a integrarse definitivamente en el LASV75. La eventual incorporación de armas de energía dirigida por láser pertenece igualmente al ámbito de las posibilidades futuras, no al de una prestación confirmada.
La apuesta por la integración en red
Navantia estudia apoyarse en su sistema integrado de gestión de plataforma IPMS y en el concepto de Nube de Combate para conectar los sistemas de navegación, control y misión. En una arquitectura naval distribuida, el valor de un buque no tripulado no depende únicamente de las armas que transporte, sino también de su capacidad para compartir sensores y recibir órdenes dentro de una red formada por buques tripulados, aeronaves, drones y otros sistemas autónomos.
Un buque de este porte podría asumir riesgos en zonas amenazadas, ampliar la permanencia de determinados sensores y separar los efectos militares de las unidades con tripulación. La ausencia de personal a bordo reduciría la exposición humana, pero trasladaría una parte importante del problema a la fiabilidad de los sistemas, la ciberseguridad, el mantenimiento y la supervisión de las decisiones automatizadas.
La transición desde el control remoto hacia una autonomía robusta es especialmente exigente en escenarios con comunicaciones interrumpidas o navegación degradada. El objetivo de operar completamente sin enlace satelital ni señal GPS aparece como una meta de diseño, no como una capacidad operacional ya demostrada.
El posible papel de Appledore y España
Navantia trabaja en un plan industrial para el astillero de Appledore que, según sus responsables, podría permitir fabricar hasta cuatro unidades al año con apoyo de las instalaciones españolas. El reparto concreto de la producción entre Reino Unido y España todavía no está definido.
Para España, el proyecto puede reforzar la experiencia industrial en plataformas autónomas, integración de sistemas de combate y operaciones en red. Su evolución también dependerá de la existencia de un cliente, de la certificación del buque y de la selección final de sensores, armas y sistemas de control.
El LASV75 se presenta así como una propuesta de arquitectura naval distribuida más que como un buque con una configuración operativa cerrada. Su interés dependerá de que Navantia convierta el concepto en un diseño maduro, demuestre sus capacidades de autonomía y concrete una cadena industrial y un programa de adquisición.
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