Durante los últimos dos años, la narrativa predominante sobre la guerra de Ucrania se ha centrado en un lento pero constante avance ruso y en una postura defensiva de Kiev a la espera de estabilizar el frente. Sin embargo, los datos recientes sobre el terreno demuestran que la realidad táctica es mucho más dinámica. Mientras las tropas de Moscú presionan peligrosamente hacia el corazón industrial del Donbás, Ucrania ha demostrado una sorprendente capacidad para contraatacar, ejecutar operaciones con estricto secreto operacional y recuperar terreno clave.
1. El desmoronamiento del saliente de Liman: la mayor victoria ucraniana del año
Uno de los puntos de inflexión recientes se ha gestado alrededor de Liman. Tras meses en los que Rusia logró consolidar un saliente táctico hacia el oeste —amenazando las comunicaciones y buscando una vía de ataque hacia Eslaviansk—, el ejército ucraniano preparó en silencio una contraofensiva quirúrgica.
Liderada por unidades como la Tercera Brigada de Asalto, y combinando guerra electrónica con presión sobre las rutas de suministro rusas, la operación culminó a finales de agosto con el desmoronamiento del saliente. Las fuerzas rusas se vieron obligadas a retirarse al otro lado del río Oskil/Siverskyi Donets, cediendo unos 200 km² de terreno y grandes extensiones forestales. Esta victoria no solo ha alejado temporalmente la amenaza sobre el eje Izyum-Liman, sino que pone de manifiesto las debilidades logísticas de los salientes rusos excesivamente alargados.
2. El desajuste de informes y la sangría de desgaste en agosto
Los datos estadísticos del mes de agosto reflejan una paradoja en el esfuerzo de guerra. Según estimaciones del Institute for Study of War y reportes del Estado Mayor ucraniano, mientras las fuerzas rusas apenas incorporaron unos 90 km², Ucrania recuperó más de 129 km² (superando los 200 km² contabilizando Liman).
En el plano humano, las cifras de bajas publicadas por Kiev —que apuntan a unas 40.000 bajas mensuales rusas— arrojan una ratio estremecedora de más de 450 bajas por cada kilómetro cuadrado consolidado. Aunque estas cifras deben tratarse con prudencia institucional, reflejan una tendencia clara: el sistema de reclutamiento voluntario ruso sufre un desgaste severo, evidenciado también en las discrepancias sobre el terreno, donde el alto mando ruso llega a reportar conquistas (como la zona de Sviatohirsk) de ciudades que en la práctica continúan bajo control o en disputa con Ucrania.
3. Hacia el examen definitivo: La batalla por Kramatorsk y Eslaviansk
A pesar de los éxitos puntuales en el norte, la atención principal se desplaza hacia el sur, concretamente hacia el cinturón defensivo del Donbás formado por Kostiantynivka, Druzhkivka, Kramatorsk y Eslaviansk.
Ucrania lleva fortificando esta zona industrial desde 2014, convirtiéndola en un entramado formidable de ciudades, infraestructuras elevadas y defensas férreas. No obstante, las avanzadillas rusas ya operan a escasos kilómetros, y localidades como Kostiantynivka sufren combates urbanos intensos donde casi un tercio de la ciudad sigue disputándose metro a metro.
4. La guerra tecnológica: Drones de fibra óptica y robots terrestres
El campo de batalla actual en estos ejes está dominado por la innovación tecnológica forzada por la escasez. Ante el dominio absoluto de los drones FPV en las carreteras —donde los vehículos convencionales apenas pueden circular—, los defensores ucranianos recurren a pequeños robots terrestres para avituallamiento, mientras el paisaje se inunda de redes antidrones y bobinas de fibra óptica. Estos nuevos drones con cable, capaces de desplegar hasta 20 kilómetros de hilo transparente inmune a la guerra electrónica, marcan la pauta de los combates del siglo XXI.
Conclusión: ¿Qué esperar del otoño de 2026?
Con la llegada inminente de la temporada de lluvias, niebla y la caída de las hojas (la clásica rasputitsa), las condiciones operativas cambiarán drásticamente. Contrariamente a la parálisis tradicional, los próximos meses de otoño se perfilan como un periodo de máxima intensidad: con menor visibilidad para los drones aéreos, la infantería y las tácticas terrestres ganarán protagonismo.
Rusia sigue disponiendo de superioridad numérica y material, manteniendo el objetivo de quebrar el cinturón de Kramatorsk-Eslaviansk antes de que el desgaste agote sus capacidades. Por su parte, Ucrania fía su estrategia a la resistencia urbana y a repetir operaciones limitadas y selectivas sobre salientes vulnerables, tal y como demostró en Liman. La gran incógnita sigue abierta: ¿logrará Moscú romper el frente o se estancará definitivamente su maquinaria en el laberinto defensivo del Donbás?


