De la plataforma aislada a la arquitectura robótica
El director de Investigación, Doctrina, Orgánica y Materiales del Ejército de Tierra, general de división Fernando Luis Morón Ruiz, afirmó que comienza una etapa marcada por la «guerra de robots». Su planteamiento no se limita a incorporar vehículos terrestres no tripulados, sino a emplearlos como parte de una arquitectura más amplia en la que los sistemas autónomos aumenten las capacidades de los soldados en lugar de sustituirlos sin más.
Esa arquitectura conectaría UGV, aeronaves no tripuladas, sensores, redes de comunicaciones, sistemas de navegación y puestos de mando mediante una nube táctica. El objetivo es que los datos obtenidos por plataformas distribuidas puedan llegar a los usuarios operativos y contribuir a la toma de decisiones sin crear sistemas aislados o difíciles de integrar.
Entre las necesidades señaladas figura el desarrollo de vehículos terrestres capaces de operar cuando la señal GNSS esté degradada o haya sido denegada. También se plantea que los sistemas puedan recibir actualizaciones de software durante su ciclo de vida, una capacidad relevante para adaptar sus funciones a nuevas amenazas y evitar que queden obsoletos tras su entrada en servicio.
La experimentación como vínculo con la industria
El Ejército de Tierra está utilizando campañas de experimentación para identificar necesidades operativas y trasladarlas a las empresas. Este enfoque permite evaluar no solo el comportamiento de las plataformas, sino también aspectos como las comunicaciones, la navegación, la carga de trabajo de los operadores, el mantenimiento y la integración con los sistemas de mando existentes.
En la mesa dedicada a la robotización participaron EM&E, Grupo Oesía-UAV Navigation y Navantia. EM&E presentó los vehículos no tripulados Mule y Spear; UAV Navigation mostró soluciones para operar en entornos sin garantía de GNSS, y Navantia expuso su experiencia con el sistema Naiad.
La presentación de prototipos y soluciones industriales no equivale, por sí misma, a una selección, adquisición o despliegue por parte del Ejército de Tierra. El reto será convertir las demostraciones y las campañas de pruebas en capacidades sostenibles, interoperables y producibles en volumen.
Una defensa antidrón abierta y por capas
La segunda prioridad expuesta fue la lucha contra los sistemas aéreos no tripulados. El Ejército de Tierra apuesta por soluciones abiertas, modulares y escalables, integradas en una arquitectura por capas que combine detección, clasificación, guerra electrónica y distintos tipos de efectores.
Este planteamiento responde a la variedad de amenazas a las que deben enfrentarse las fuerzas terrestres: desde aeronaves pequeñas y de bajo coste hasta sistemas coordinados o equipados con enlaces difíciles de detectar. Ningún sensor ni ningún efector cubre por sí solo todo el espectro, por lo que la eficacia depende de la coordinación entre los distintos elementos y de su conexión con los sistemas de mando y control.
Indra presentó el sistema antidrón Aracne, desarrollado junto con EM&E. GMV abordó la integración de sensores y soluciones contra UAS en sistemas de mando y control, mientras que Adevex expuso propuestas orientadas a acelerar la adaptación industrial ante unas amenazas que cambian con rapidez.
Autonomía, control y sostenimiento
La autonomía parcial puede reducir la carga de trabajo de los operadores, pero también plantea problemas de reglas de empleo, identificación de objetivos y responsabilidad sobre las decisiones tomadas por los sistemas. Por eso, la utilidad militar de un UGV no depende únicamente de su movilidad o de la carga que pueda transportar.
Su rendimiento en combate exige comunicaciones resistentes a la guerra electrónica, navegación alternativa al GNSS, operadores formados, mantenimiento, ciberseguridad y una cadena de mando capaz de integrar sus datos. La robotización terrestre tendrá que resolver todos esos elementos de manera conjunta para aportar una ventaja operativa real.
La jornada incluyó además presentaciones sobre municiones merodeadoras, drones, misiles y fuegos de largo alcance a cargo de Arquimea, Sener, Destinus y FMG. Esta última hizo referencia a una inversión de 100 millones de euros en España y a unas instalaciones en Pradollano, Jaén, dentro de su exposición industrial.
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