Un relevo para los Watchkeeper
El contrato atribuido al Ministerio de Defensa británico tendría un valor máximo de 400 millones de libras e incluiría una primera entrega de seis AR5. La planificación contemplaría ampliar la flota hasta 24 aeronaves en 2029, aunque esa ampliación seguiría dependiendo de las decisiones posteriores de adquisición.
Los AR5 sustituirían a los Watchkeeper empleados actualmente por el Ejército británico. El nuevo sistema transportaría hasta 50 kilogramos de cámaras y sensores y estaría destinado a misiones de inteligencia, vigilancia y reconocimiento —ISR— de larga duración.
El Watchkeeper, basado en la familia Hermes 450 y asociado industrialmente a Thales UK y Elbit Systems, ha sido durante años una de las principales capacidades británicas de vigilancia aérea no tripulada a nivel táctico. Su sustitución marcaría el paso hacia una estructura más distribuida, con aeronaves de mayor autonomía para los escalones de mando y drones ligeros disponibles para las unidades desplegadas.
Una segunda capa de drones pequeños
El plan también incluiría la entrega de 1.030 drones de pequeño tamaño mediante un contrato de 16 millones de libras adjudicado a tres empresas o grupos empresariales. El reparto previsto sería el siguiente:
- 245 unidades Foxe-NATO, de Evolve Dynamics.
- 670 Skydio X10 INTL, suministrados por Marlborough Communications.
- 110 drones Sonora, desarrollados por Brigantes Consulting y Harmattan AI.
La combinación de estos aparatos con los AR5 responde a necesidades diferentes. Los sistemas pequeños pueden desplegarse en mayor número y acercar la obtención de imágenes y datos a las unidades de primera línea, mientras que las plataformas de mayor tamaño aportan más autonomía, carga útil y persistencia sobre el área de operaciones.
La guerra de Ucrania ha acelerado esta transformación al demostrar el valor de disponer de grandes cantidades de drones baratos y reemplazables, pero también ha expuesto sus limitaciones. La guerra electrónica, las defensas antiaéreas y los drones interceptores pueden reducir rápidamente la eficacia de una flota si carece de enlaces de datos protegidos, navegación resistente a interferencias y procedimientos para sustituir con rapidez los aparatos perdidos.
Producción nacional y objetivos industriales
La fabricación de los AR5 estaría prevista en una nueva planta de Tekever en Swindon. El Ministerio de Defensa británico sostiene que el programa contribuirá a crear o mantener empleo cualificado en el Reino Unido, incluidos más de 1.000 puestos asociados a Tekever para 2030.
La apuesta combina así una necesidad operativa inmediata con un objetivo industrial: adquirir nuevas capacidades no tripuladas y, al mismo tiempo, aumentar la producción nacional de aeronaves, sensores y sistemas asociados. El programa se vincularía al Proyecto Rapstone y a un plan de inversión de más de 5.000 millones de libras durante cuatro años para sistemas aéreos no tripulados y autónomos.
La cifra también aparece descrita como un plan de 5.800 millones de libras. No está claro si la diferencia responde a un redondeo, a una conversión monetaria o a que se están agrupando programas de alcance distinto, por lo que ambas magnitudes no pueden tratarse como equivalentes sin una aclaración adicional.
Para los aliados europeos, el caso británico ofrece un punto de comparación sobre la rapidez de adquisición y la integración de drones comerciales o ligeros en las unidades terrestres. La experiencia también subraya que las plataformas deben ir acompañadas de operadores formados, comunicaciones seguras, navegación robusta y medios eficaces contra drones enemigos; por sí sola, la compra de aeronaves no garantiza una capacidad ISR resistente en un entorno disputado.
La información procede de una única fuente especializada y no ha podido contrastarse de forma independiente.

