Menos personal y menos fuegos pesados
El dosier The Defence of Europe in a New Era: An Assessment atribuye a España una reducción del 9,4% de sus efectivos terrestres activos entre 2011 y 2026. El mismo análisis cifra en un 49,8% la caída de los sistemas de artillería y lanzacohetes durante ese periodo, incluyendo piezas remolcadas y autopropulsadas de más de 152 milímetros, así como lanzacohetes múltiples.
Las cifras apuntan a una evolución estructural de las fuerzas terrestres españolas: una organización con menos personal y menor volumen de fuegos pesados que hace quince años. Sin embargo, el propio enfoque del análisis amplía el problema más allá del inventario. La disponibilidad de personal entrenado, la existencia de cuadros de mando suficientes, la formación de unidades completas y la capacidad de generar fuegos serían factores igualmente determinantes.
Una paradoja entre el mando multinacional y la masa disponible
El diagnóstico atribuido al IISS reconoce al mismo tiempo el papel de España como aliado meridional de la OTAN. El país lidera el grupo de combate multinacional desplegado en Eslovaquia y, según la información disponible, una brigada mecanizada española fue certificada en 2025 para operar dentro de una división multinacional del flanco nororiental de la Alianza.
El análisis también sitúa al NRDC-ESP entre las principales estructuras multinacionales de mando terrestre de la OTAN. Esa posición proporciona a España un peso relevante en la organización y conducción de operaciones aliadas, pero plantea una cuestión distinta: disponer de cuarteles generales y asumir responsabilidades multinacionales no equivale necesariamente a poder aportar de manera sostenida grandes unidades plenamente dotadas.
La diferencia entre ambas capacidades se conoce como generación de fuerzas. Un país puede mantener estructuras de mando operativas y participar en despliegues aliados, pero tener más dificultades para sostener simultáneamente unidades completas, rotaciones, reservas y apoyos logísticos durante una campaña prolongada.
El retorno de la masa al debate militar
La reducción de efectivos y artillería debe interpretarse dentro de la transformación experimentada por numerosos ejércitos europeos después de la Guerra Fría. Durante décadas se priorizaron fuerzas profesionales más pequeñas, con capacidad para operaciones expedicionarias y despliegues limitados, en lugar de grandes volúmenes de unidades concebidas para un conflicto convencional prolongado.
La guerra de Ucrania ha cambiado las prioridades. La masa, las reservas de munición, la protección frente a drones y la capacidad de reemplazar pérdidas han recuperado importancia. También resulta esencial integrar sensores, sistemas de mando, radares de contrabatería y fuegos de largo alcance para localizar y batir objetivos con rapidez.
Por eso, una comparación basada únicamente en el número de obuses o lanzadores ofrece una imagen incompleta. La cifra de plataformas no revela por sí sola cuántas están disponibles, cuántas cuentan con tripulaciones entrenadas ni qué volumen de munición puede sostenerse en operaciones. Tampoco refleja el estado del mantenimiento, la cobertura de sensores o la capacidad de coordinar los fuegos con las unidades de maniobra.
En el caso español, el posible desequilibrio entre el peso de sus estructuras multinacionales y la evolución cuantitativa de sus fuerzas terrestres convierte la generación de unidades completas en el punto central del debate. La cuestión no es solo cuántos efectivos o sistemas conserva España, sino qué capacidad puede poner a disposición de la OTAN, durante cuánto tiempo y con qué nivel de disponibilidad.
La información procede de una única fuente especializada y no ha podido contrastarse de forma independiente.


